Perfil: Liliana Bodoc, la escritora humanista

El martes 6 de febrero de 2018 falleció nuestra admirada y querida Liliana Bodoc (1958-2018). Escribí para la sección Cultura de Perfil un homenaje y una reflexión sobre su legado.


Liliana Bodoc, la escritora humanista

José María Marcos | Perfil | Sección Cultura | Sábado 10 de febrero de 2018

La escritora Liliana Bodoc (1958-2018), quien partió esta semana a causa de una afección cardíaca, dejó una extensa obra anclada en un pródigo universo que seguirá vivo por la devoción de los lectores. Su trilogía La saga de los confines marcó un hito ineludible tanto por su prosa poética como por la puesta en diálogo entre la literatura fantástica y la cosmovisión de los pueblos latinoamericanos. El impacto de estas novelas reveló cómo nuestro pasado sigue pulsando frente a discursos que relativizan el exterminio y persecución de los aborígenes. Como hecho simbólico, el primer tomo apareció en el año 2000 cuando el siglo XXI nos recibía con “el fin de la historia”. A través de su arte, Bodoc supo expresar una reacción latente.
El éxito de esta trilogía le permitió desplegar su talento en una treintena de libros que circularon mayormente bajo el rótulo de literatura infantil y juvenil. Licenciada en Letras (Universidad Nacional de Cuyo) y docente en Literatura Argentina y Española, Bodoc pensaba sus libros como “literatura” a secas.
En marzo, los lectores tendrán la reedición, por parte de Alfaguara, de la novela Diciembre, Súper Álbum, publicada originalmente en 2003. Con una portada de Oscar Senonez, contará con un epílogo donde la autora explica cómo nació esta historia que aborda la creación artística desde la historieta, con ecos de su infancia en Mendoza. La reedición integra una serie que incluye: Sucedió en colores, Amigos por el viento, El mapa imposible, La entrevista y El perro del peregrino. Cada uno de los títulos contiene nuevas palabras de la autora.
Radicada desde 2008 junto a su esposo Jorge en Trapiche, un pueblito de San Luis, tenía en marcha la tetralogía Tiempo de dragones, de la cual estaba por entregar a Penguin Random House el original de la tercera parte. Hoy se hallan publicados: La profecía imperfecta (2015) y El elegido en su soledad (2017).
Para los futuros lectores, La saga de los confines será reeditada por el sello DeBolsillo. Para los iniciados —que también conocen Oficio de búhos (2012), con relatos conectados a la trilogía—, en 2017 se publicó Venado, un bellísimo libro álbum con poemas originales de Liliana Bodoc e ilustraciones de Gonzalo Kenny, inspirado en la primera novela de la saga. Fiel a un espíritu libre, ambos llevaron adelante esta edición de autor que se encuentra en librerías especializadas. Simultáneamente, Norma editó Elisa, la rosa inesperada que, al igual que su Presagio de carnaval del 2009, retoma los temas de la saga en el presente y con escenarios del norte argentino.
La conocida frase de Rilke “La verdadera patria es la infancia” es representativa de esta autora nacida en Santa Fe el 21 de julio de 1958. Bajo distintas máscaras, Bodoc supo evocar a sus abuelos Fortunata y Silvestre; ella, esmerándose en el cuidado de la casa, y él, amando la vida y riendo. La furia frente al desprecio de un jefe de su padre que apagó un cigarrillo en el postre que Fortunata preparó para agasajarlo. La biblioteca familiar donde conoció a Rulfo, Cortázar, Amado, Mayakovski, Neruda, Guillén, García Lorca. Las charlas con sus hermanos sobre la serie El hombre que volvió de la muerte, con Narciso Ibáñez Menta. La emoción ante un libro que le regaló su madre, con un duende sentado en la taza de café con leche, del que nunca pudo recordar el autor, pero sí que la atrapó más que los personajes de Disney. La madre que luego murió en sus brazos, también de un ataque corazón, cuando apenas tenía 7 años. Su padre José Chiavetta narrando cuentos, dirigiendo teatro y recitando sus “versitos de colores” que inspirarían el libro Sucedió en colores, que a su vez dio nacimiento a piezas teatrales de la compañía Los Tres Gatos Locos, integrada por su hijo Galileo, en un hecho que la llenaba de orgullo al comprobar cómo ciertos rituales y saberes pasaban de una generación a otra.
Liliana Bodoc bregaba por mantener viva la memoria histórica y por evocar lo perdido mediante un personal lenguaje poético, y ahí no termina su magia. Comprendía que recordar nuestra niñez es clave para entender al ser humano en su verdadera dimensión, con sus luces y sus sombras, en la relación con el prójimo, en el devenir con la vida y la muerte. Su espíritu indomable de niña revelándose ante las arbitrariedades del mundo atraviesa la esencia de toda su obra.

Tristeza por la partida de Liliana Bodoc

La recordaremos siempre generosa, sonriente y luminosa. 
ADIÓS A LA MADRE DE LOS CONFINES. La querida Liliana Bodoc (1958-2018) falleció hoy martes 6 de febrero, a los 59 años. Su obra y su compromiso con la literatura nos marcó a muchos lectores. Estamos muy tristes por su partida. Acompañamos a sus familiares y amigos en este momento tan doloroso. La admiraremos siempre.

Charla con Marcos Caruso en La Once Diez

Junto a mi hermano Carlos visitamos el programa “El simple arte de escuchar”, que se emite los sábados a la noche por La Once Diez (Radio Ciudad. AM 1110), con la conducción de Marcos Caruso. En la ocasión, hablamos de las novedades de la editorial Muerde Muertos, en especial: Manual sadomasoporno (ex tractat) de Alberto Laiseca y Strip-tease: traducción visual de Enrique Medina, con la participación de 40 artistas plásticos, y del próximo lanzamiento: Viaje al principio de la noche de Alejandra Tenaglia. También conversamos de otras aventuras como la Feria del Libro Heavy, el festival de cine Buenos Aires Rojo Sangre y los proyectos editoriales de Cinefanía y Cineficción. ¡Gracias, Marcos Caruso y equipo, por este grato momento compartido! Fue el sábado 27 de enero de 2018.

El mundo de Mariano Buscaglia

Pasión por el pulp, el weird gaucho y los libros extraños

Por José María Marcos, exclusivo para INSOMNIA, Nº 237, enero de 2018

Escritor, editor y traductor, Mariano Buscaglia (Argentina, 1976) posee un vasto conocimiento sobre literatura fantástica y viene desarrollando un interesante aporte a través de la historieta, el pulp, el weird gaucho, el rescate de textos olvidados y la historiografía de estas expresiones. Habiendo estudiado historieta en el taller de su abuelo Alberto Breccia, Mariano realizó guiones para Patricia Breccia (que se publicaron en la segunda etapa de la revista Fierro) y colaboró con Lito Fernández y con Lautaro Fiszman. Participó durante algunos años en las revistas de ciencia ficción, pulp y fantasía editadas por Christian Vallini Lawson (Aventurama, Acción y Fantasía, Ópera Galáctica, etcétera), y hoy colabora con Cinefanía. En el 2015 publicó en InterZona Trasnoche vudú (Colección Zona Pulp) y la Trilogía del Cuchillo compuesta por las novelas weird gaucho El retobao, Homo pampeanus y Pampa perra, en Fan Ediciones. Bajo el seudónimo de Joe Rough, publicó un weird western: Las ciénagas del diablo (Colección Bolsilibros Fan, de Fan Ediciones). Es creador de Ediciones Ignotas, sello especializado en literatura argentina fantástica y policial, agotada y fuera de circulación. En la colección estrella de la editorial, Los Exhumados, se reeditaron obras inhallables, como Tres nouvelles fantásticas argentinas (1880-1920); Casos policiales de William Wilson, de Vicente Rossi; El vampiro y otros cuentos de horror y misterio, de Víctor Juan Guillot; y La máscara del horror y otras pesadillas fanta-bélicas, de Ernesto Bayma.

EL TALLER DEL ABUELO BRECCIA

—En tu adolescencia estudiaste en el taller de historietas Alberto Breccia (1919-1993), uno de los íconos de la historieta argentina y mundial, quien además es tu abuelo. ¿Qué significó ser nieto y discípulo de quien creara obras inolvidables como Sherlock Time, Ernie Pike, Mort Cinder, Vida del Che Guevara, todas con guiones de Héctor Germán Oesterheld, así como Perramus con guion de Juan Sasturain y Los mitos de Cthulhu, adaptado por Norberto Buscaglia, tu padre?
—Estudiar en lo de mi abuelo me permitió codearme con gente maravillosa, chicos en aquel entonces, que ahora son dibujantes consagrados. Lo magnífico de esas clases era escuchar al viejo. Siempre tenía salidas insólitas o anécdotas riquísimas. Tenía un don extraordinario para la enseñanza, con pocas palabras te marcaba hacia dónde tenías que ir. Y nunca me hizo sentir que tenía coronita por ser nieto de él. Antes de dibujar mi primera historieta tuve que pasar por todas las etapas que pasaron todos los alumnos. Y diría que hasta un poco más que ellos, porque no era tan inspirado con los ejercicios.
—Tu padre fue guionista de historietas y profesor de Letras especializado en Latín y literatura latina. ¿Qué aprendiste de él en relación a la literatura?
—Mi viejo me introdujo en los clásicos. También intentó enseñarme buena gramática y mejor ortografía, cosa que jamás logré dominar.
—De tus primeras lecturas, ¿qué fue lo primero que te impactó? ¿Hay alguna obra que seguís releyendo cada tanto?
—Hubo libros capitalesy muy formativos. Edgar Rice Burroughs y sus sagas marcianas y tarzánidas, por un lado; los cuentos de Jack London; la prosa de Leonardo Castellani, la de Borges y, sobre todo, Ferdinand Céline que constituyó una obsesión durante muchos años.
—¿Tenés algún/os autor/es u obra/s que considerás fundamentales en tu formación?
—Los diálogos de Jorge L. Borges fueron como una lectura acelerada de la historia de la literatura, luego toda su obra, también lo fue Céline, Joe R. Lansdale, Mark Twain, Stevenson, Leroux, Fredric Brown, Dumas, Bukowski o E.R. Burroughs.

PRIMERO NACIÓ EL HOMO PAMPEANUS


—¿Cómo nació la Trilogía del Cuchillo (El retobao, Homo pampeanus y Pampa perra), editada por Fan Ediciones, una obra que se enmarca en el weird gaucho?
—Primero escribí lo que luego sería el segundo tomo, Homo pampeanus, como una continuación de un libro olvidado de Gastón Leroux que se llama Balaoo, sobre un homínido humanizado suelto en el París rococó. Lo ubiqué en un marco criollo y exploté la idea de Florentino Ameghino que sostenía que el hombre se había originado en la Argentina. A ese tomo le siguió El retobao, sobre brujerías y el mandinga, y luego, Pampa perra, donde a la brujería se le sumó el marco de la Guerra de Paraguay, hombres lobos y lobisones. La idea de formar con eso una trilogía fue de Sergio Salgueiro que tuvo la voluntad y el valor kamikaze de editarlo.
—¿En qué obras abrevaste para la escritura de esta Trilogía?
—En obras camperas como las de Eduardo Gutiérrez, en memorias militares sobre la guerra del desierto, memorias de viajeros extranjeros en la Argentina de aquel entonces, y en algunos autores típicos del período como Ebelot, Graham, Prado, Hudson o Mansilla.

EL PULP, LAS JERGAS, LAS ILUSTRACIONES, EL CINE


—Publicaste Trasnoche vudú (Interzona) y Las ciénagas del diablo (Fan Ediciones), dos novelas breves imbuidas en el espíritu pulp de los bolsilibros. ¿Cuál es tu vínculo con este universo?
—Gigante. Me gusta mucho el género, por su vastedad temática y porque estos autores escribían sin pretensiones literarias y consiguiendo, así y todo, enormes logros.
—Tanto en la trilogía como en el género pulp desarrollás un notable trabajo con la jerga. ¿Tenés algún método de trabajo al respecto?
—No, más allá de lo que voy leyendo para documentarme.
—Pertenecés a una familia de ilustradores. Además de tu abuelo Alberto Breccia, también lo son tu madre Cristina y tus tíos Patricia y Enrique. ¿Cómo es un tu relación con este mundo?
—De admiración. Nunca me sentí un Breccia de sangre y creo que de todos los nietos soy el único que tiene una posición de fan auténtico frente a la obra de todos. Los colecciono y les mangueo dibujos en cada oportunidad que tengo.
—Para algunos de tus trabajos has apelado a los seudónimos. ¿Por qué motivo?
—El seudónimo me permite distanciarme del producto y, como por lo general, el resultado final de lo que escribo me desagrada, me permite atacar sin falsa modestia la porquería que terminé por escribir. Cuando uno escribe la identidad casi es como un lastre. También permite no tomarte en serio.
—Has publicado relatos y artículos en diversas revistas. Sos colaborador habitual de las publicaciones de Cinefanía. ¿Cómo te llevás con el cine?
—Me fascina. Es un complemento de la literatura. Sobre todo el cine fantástico o el western.
—Si pudieras elegir, cuál de tus libros publicados transformarías en una película. Si tuvieras un presupuesto ilimitado, ¿quiénes serían los protagonistas?
El retobao, seguramente. Lo filmaría tipo fábula, todos los hombres tendrían cabezas de pájaros. La haría en stop motion, muda y con colores pasteles, pero chillones.

PASIÓN POR EXHUMAR LIBROS EXTRAÑOS


—Creaste Ediciones Ignotas, donde rescatás del olvido obras de la literatura fantástica. ¿Cuándo y cómo nació el sello?
—Nació hacia mediados del 2015. Fue producto de la necesidad que sentía de rescatar un vagón de libros nacionales e internacionales que estaban sumidos en el olvido. Esta tendencia, hoy día, está creciendo y soy uno de los exponentes más pequeños en este sentido. Aunque mantengo el mérito de seguir siendo un suicida intrépido.
—La Colección Exhumados de Ignotas está dedicada a la recuperación de textos de autores argentinos. ¿Qué material has exhumado hasta el momento?
—Por el momento cuatro libros. Tres nouvelles fantásticas argentinas 1880-1920 que recupera tres novelitas fantásticas de Raúl Waleis, Enrique Rivarola y Pedro Angelici. A ese le siguió: Casos policiales de William Wilson de Vincente Rossi, obra capital en la historia de nuestra literatura policial, donde por primera vez se editan todos los cuentos. El vampiro y otros cuentos de horror y misterio de Víctor Juan Guillot, donde vos hiciste un estudio preliminar y, por último, La máscara del horror y otras pesadillas fanta-bélicas, de Ernesto Bayma que recupera unos bolsilibros de mediados de los ’60. Extrañísimos, grotecos y con pasajes surrealistas y pesadillescos.
—De acuerdo con tus conocimientos, ¿existe mucho material afín a la espera de ser re-descubierto?
—Más de lo que imagino y conozco. Es vastísimo el panorama. Cuando uno cree que ya barrió todo un campo o una época, al poco tiempo descubre un tendal de autores desconocidos que deambulaban en el mismo período con autoediciones o publicando en revistas menores.
—¿Cómo ha sido editar a un personaje tan singular como Ricardo Esquilachi?
—De Esquilachi editamos Sasquatchs criollos, el Roswell de Montegrande y la Parusía y después La ola oscura, guía de campo contra las maledicencias zeta reticulis y reptilianas. Sin ánimo de ofender, Esquilachi es un ufólogo de salón y un teósofo de barrio. Lo imprimimos con un sello fantasma, a pedido de un amigo, y porque puso plata para ayudarnos con una edición de Ignotas. Los libros de Esquilachi pecan de un amateurismo supremo que son producto, como muchas de las autoediciones, de un ego sobrealimentado, más que de un talento dormido.
—Sos traductor, también. Entre otros trabajos, a través de Ignotas, nos hiciste conocer El hombre de vapor de las praderas, de Edward S. Ellis, y El Leñador de Hojalata de Oz, de L. Frank Baum, ambos editados por tu sello Ediciones Ignotas. Son dos obras de una notable imaginación. ¿Cómo llegaste a ellas?
—Las traducciones fueron hechas en colaboración y mis aportes nunca fueron demasiado precisos. L. Frank Baum siempre fue parte de mi canon personal y creo que la lengua castellana tiene una deuda muy atrasada con la saga de Baum. Sus libros están entre lo mejor que leí en mi vida y tienen una profundidad simbólica y esotérica que abruman. Es uno de los exponentes más maravillosos de la imaginación en toda la historia de la literatura. La publicación del doceavo libro fue como una especie de pago por adelantado de esa deuda y lo elegí por ser uno de sus libros más extraños. Lo mismo sucedió con El hombre de vapor de las praderas. Es un libro fundacional en la literatura estadounidense, al ser la primera novela de ciencia ficción y el antecedente directo de géneros modernos como el steam punk o el weird western. Con Mallory Craig-Kuhn estamos trabajando en otra dime novel fantástica. Pero estos libros tienen la contra de ser dificilísimos de vender.
—¿Podemos conocer en qué proyectos andás?
—El año que viene vamos a editar un libro maravilloso, cuya edición estará a cargo del investigador Román Setton. Una obra inédita desde su primera publicación en revista, que recuperamos con notas, estudios y las ilustraciones originales. Ya hace casi un año y medio que estamos trabajando en ese libro con Mallory Craig-Kuhn, Román Setton y Sergio Salgueiro. Si la plata alcanza, la idea es sacar después de eso una antología de cuentos weird gauchos que contará con alguna colaboración ilustrativa de Enrique Breccia. Pero las ventas son escasas y el cobro complicado… Veremos.

UN VAMPIRO DE ALBERTO BRECCIA EN EL MUNDO STEPHEN KING. Alberto Breccia (1919-1993) fue un temprano admirador de Stephen King. Hoy, gracias a su nieto Mariano Buscaglia, podemos ver a un vampiro que dibujó en la dedicatoria de Salem’s Lot: “A Mariano, de su abuelo Tito Dracul”. Al respecto, Mariano contó: “Siento una admiración profunda por Stephen King, por sus novelas más reconocidas, sus ensayos y su personalidad. Componen una lección absoluta en todo sentido. Como siempre, el conocimiento de King llegó a mi familia a través de mi abuelo, que solía traernos los libros para que lo catáramos nosotros y luego, según nuestro juicio, los leía él. Así pasó por nuestras manos It, que considero la mejor novela de terror de fines del siglo XX, y Salem’s Lot que, al gustarme tanto, terminó por regalármela y me la dedicó con una caricatura de él mismo en plan vampiro. Mi película predilecta del universo King siempre fue Creepshow, por ese gusto a revista barata de las EC”.

PARA SABER MÁS: EDICIONES IGNOTAS
www.ediciones-ignotas.blogspot.com

Leyendo en el Ciclo Crudo & Cocido

Se realizó el último encuentro del año del Ciclo Crudo & Cocido, el sábado 16 de diciembre de 2017, en La Casa de Al Lado (Lavallol 1294, Haedo), y tuve ocasión de participar junto a Mariana Komiseroff, Maumy González y Néstor Darío Figueiras. Hubo grandes lecturas en un clima muy ameno que contó también con dos buenos momentos musicales: Flautanza en la previa y Pilo García y su charango en el entretiempo. En el inicio, Néstor Darío Figueiras compartió el cuento “Cuando cayeron los barcos”, un cuento que forma parte de un libro en proceso que, según comentó, incluye textos, música y artes plásticas. Luego, Maumy González leyó un cuento de Imagina la felicidad (¿Qué diría Víctor Hugo?, 2017); Mariana Komiseroff, un pasaje de su novela Una nena muy blanca, que saldrá en el 2018, y en el cierre, presenté tres poemas inspirados en películas de fantasía y horror: The manster, Veneno para las hadas y El páramo. Las presentaciones estuvieron a cargo de los organizadores del ciclo, Giselle Aronson y Fernando Veríssimo, a quienes agradezco la invitación a ser parte de esta velada, en la que compartimos un gran noche entre gente querida.

“Titanes del Horror” en la Comic-Con

En el marco de Argentina Comic-Con, Cinefanía presentó su nueva Colección de Breviarios con el lanzamiento de los cinco primeros títulos dedicados a Lon Chaney, Bela Lugosi, Boris Karloff, Vincent Price y Peter Cushing, el sábado 9 de diciembre 2017. Dichos breviarios contienen las filmografías de estos cinco titanes del horror, profusamente ilustrados y documentados (en un tamaño de 12,5 x 18 cm), con 148 páginas a todo color, con prólogos de autores especializados a nivel mundial y una calidad editorial inusual en toda hispanoamérica. En la Sala Auditorio del Centro Costa Salguero, y tras las presentaciones de Patricio Flores, tuve ocasión de hablar del título número 1 dedicado a Lon Chaney, “el hombre de las mil caras”, y luego, el músico Marcelo Pocavida se refirió al vampiro Bela Lugosi. Seguidamente, Darío Lavia y Juan Carlos Moyano (editores de Cinefanía) se encargaron de la tríada Boris Karloff, Vincent Price y Peter Cushing. Pudimos apreciar fragmentos de películas clásicas y el estreno de un video de Marcelo Pocavida en homenaje a Lon Chaney. En el cierre se sumó Ramiro San Honorio (coordinador de las actividades de capacitación, invitados y muestras de cine y tevé de la Comic-Con), quien destacó el trabajo editorial de Cinefanía, que durante toda la convención mantuvo un stand con sus publicaciones. Hubo exposición de obras de la artista plástica Gabriela Rodas (Racks Sanglantes) —encargada de las portadas de la Colección de Breviarios— y de piezas de make-up de Natán Solans y Liliana Fernández de Solans. Para la ocasión, Romina González (Maquillaje y Vestuario) y Darío Donoso se sumaron con caracterizaciones; Adrián Lodi y Pablo Canade, con sus ilustraciones; Diego Puglisi, con caricaturas en vivo; y Cacho Jason, con una perfomance interactiva.

“Tan sólo la expresión le da realidad a las cosas”

Comparto mis palabras sobre la Colección de Breviarios de Cinefanía (2017), en especial el título dedicado a Lon Chaney (1883-1930).

Buenas tardes a todos. Un placer formar parte de este panel para presentar la nueva Colección de Breviarios de Cinefanía. Felicito a Darío Lavia por este flamante producto editorial.
Me toca hablar de Lon Chaney, el libro Nº 1 de la Colección. Muchos de los presentes deben saber quién es. Pero otros seguramente no. En pocas palabras: Lon Chaney (1883-1930) es una de las figuras más emblemáticas de los comienzos del cine (puntualmente del cine mudo), recordado por sus caracterizaciones de personajes grotescos: Quasimodo el Jorobado, Erik el Fantasma de la Ópera, el hombre lobo, el impiadoso mandarín Mr. Wu. Ha representado a tullidos, melancólicos payasos, piratas y una infinidad de monstruos inmortales que desfilan por la pasarela de este libro.
En lo personal, cuando pienso en Lon Chaney no puedo dejar de evocar una frase del escritor inglés Oscar Wilde (1854-1900) quien dijo: “en el arte tan sólo la expresión le da realidad a las cosas”. Y me detengo en esta idea, porque Lon Chaney es “el hombre de las mil caras”, pero quizá también debería ser reconocido como “el hombre de los mil gestos” o “el hombre de las mil expresiones”, tal como lo podemos apreciar en los registros fílmicos, donde sus actuaciones nos han permitido espiar en los bajofondos de nuestra civilización.
La recopilación dedicada a su trayectoria brinda la posibilidad de reencontrarse (o descubrir, según el caso) a un actor fascinante que marcó a varias generaciones y creó una escuela en torno a sus make-up, cargando consigo una mítica caja donde guardaba sus bigotes falsos, las cejas, las pestañas, las dentaduras postizas e infinidad de artilugios para modelar sus criaturas. En Argentina, Natán Solans (que trabajó con Narciso Ibáñez Menta, entre otros artistas) es uno de sus más notables continuadores, como actor, maquillador y técnico en efectos especiales.
Síntesis de películas, anécdotas y extractos de entrevistas a los propios titanes componen estos breviarios. En el caso de Lon Chaney, por ejemplo, hay palabras de Ray Bradbury y Orson Welles, dos de sus admiradores más célebres. Así como los Libros de Oro de Cinefanía proponen una expansión en cada área, aquí la idea es mostrar lo más relevante, para entusiasmar a los lectores actuales, acostumbrados a los formatos breves.
¿Qué anécdotas pueden encontrarse en este sabroso breviario? Muchas. La puja con la Universal, cuando no querían aumentarle el salario a Lon Chaney, porque decían que era “un actor mediocre y sin futuro”, y entonces, terminó yéndose para regresar como celebrity y cobrar un cachet altísimo. Podemos leer cómo el hombre de la chistera inspiró a Groucho Marx en sus creaciones. El misterio de los dos máscaras usadas (o no... hay que leer) en el film “El Fantasma de la Ópera”. O por qué unos armadillos (animalitos parecidos a nuestras mulitas) dieron que hablar durante la filmación de  “Londres después de media noche” (1927), en una época en que las ratas estaban censuradas en el cine.
Chaney murió muy joven, a los 47 años.
Su partida se produjo en 1930 tras la filmación de “El trío fantástico”, su primera y única película sonora, que es una remake de un film mudo del mismo nombre, protagonizado por un ventrílocuo, un  enano y un forzudo.
Hay un testimonio de sus últimas horas. Hijo de padres sordomudos (a lo mejor, sus maestros involuntarios en el arte de la pantomima), Lon Chaney volvió en el ocaso a ciertos códigos de la infancia mientras se hallaba internado con un diagnóstico de cáncer de pulmón y garganta. Con la enfermera acordaron que si levantaba un dedo era que quería comunicarse. Si levantaba dos, estaba en problemas.  Una madrugada, la enfermera sintió un ruido y vio que Chaney levantaba un dedo. Se acercó para ver qué necesitaba... y él, simplemente, sonrió, y luego, levantó los dos dedos... y murió.
Antes de ser un ícono del cine de terror, Lon Chaney pensaba que su futuro era ser comediante.
Tal vez no haya ninguna contradicción. Sólo quienes conocen bien el alma humana —como sin duda la conocía este actor— pueden llegar a entender que el cine de terror no es ni más ni menos que una comedia negra, la última carcajada que nos permitimos de cara a la muerte.
¡Lean los breviarios! No se pierdan la oportunidad de conocer a estos titanes.

IMÁGENES DE LA ARGENTINA COMIC-CON
Fotos de Raquel Buela, Adrián Lodi,
Alejandro Reynaga y Juan Carlos Moyano